CONSERVADORES Y LIBERALES.
Si analizamos objetivamente en nuestro país, siempre han existido dos grupos políticos que hoy siguen representando intereses e ideologías opuestas: los conservadores y liberales. Los conservadores unidos históricamente con los pensamientos del clero y los liberales, que siempre han defendido un estado laico y apegado al cumplimiento de las leyes. La convivencia política entre estos dos grupos ha vivido etapas neutrales de relaciones de mutuo respeto hasta movimientos sangrientos como lo fue la guerra cristera, donde murieron en manos de la tiranía del gobierno miles de héroes anónimos.
Para ubicar el contexto ideológico de estos dos grupos, sus mitos y sus consecuencias hay que sintetizar un poco de nuestra historia política.
La formación de los grupos políticos del país arranca en la etapa de la guerra de independencia donde mientras unos se oponían al movimiento de independencia, otros la planearon y terminaron decapitados. El grupo de los conservadores, integrado por el alto clero, grandes terratenientes, privilegiados militares y las familias españolas con grandes fortunas al principio vieron con malos ojos la independencia de la colonia, por el miedo de perder sus privilegios.
Por su parte, los liberales estaban formados por los criollos, comerciantes y militares con rangos inferiores y fueron llamados rebeldes por hacer campaña para alcanzar la independencia de los españoles y acabar con el mal gobierno que representaban.
La idea original del movimiento inició como un apoyo al rey de España, Fernando VII, cuyo reino fue dominado por los fuerzas de Napoleón de Francia. Entre otros objetivos estaban los de acabar con la opresión contra los indígenas mexicanos, quitarle el poder y sacar a los españoles del país, buscar la igualdad entre los habitantes de la colonia y organizar un gobierno democrático republicano, pero siempre bajo la corona española. Es decir, en realidad la palabra INDEPENDENCIA significaba ya no depender políticamente dentro de la colonia de políticos y militares españoles. La idea de ser libre totalmente de España no era la meta original, es decir, el movimiento fue un pretexto del resentimiento que existía de clases entre los españoles nacidos en España -los gachupines- y los hijos de españoles nacidos en la colonia -los criollos-. La única cara social del movimiento fue el pensamiento del cura Hidalgo de acabar con la esclavitud que vivían los indígenas.
El dinero de los conservadores, con el apoyo del ejército de la colonia, logró vencer a los liberales o rebeldes y como escarmiento para sembrar miedo a sus seguidores, fueron decapitados y ex comulgados por la iglesia. Hecho importante dentro del pensamiento católico de aquella época, donde los héroes nacionales como Hidalgo, Morelos y Allende, a quienes recordamos cada año, fueron asesinados y declarados herejes con la autorización del clero por luchar por la igualdad de los hombres y mujeres del país azteca, una gran contradicción del pensamiento cristiano.
Sin embargo, el interés del grupo conservador por alcanzar una independencia del poder y altos impuestos de España, los llevaron a realizar alianzas con algunos rebeldes liberales como Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria, para consumar nuestra independencia. Los liberales, que representaban las demandas del pueblo, lucharon en las calles y en los campos sin miedo a morir, mientras que los conservadores, desde sus residencias y haciendas, supervisaban la lucha para después traicionar a los verdaderos héroes que se la jugaron por alcanzar la independencia. Así recordamos que la consumación de la nuestra independencia fue producto de un cabildeo político entre quienes tenían el poder económico, militar y eclesiástico de aquella época. Un simple acuerdo que dejó en el olvido a miles de muertes de indígenas que lucharon por una libertad que nunca llegó.
Nuestro país logró su independencia para tener un monarca, Agustín de Iturbide I, que fue impuesto y apadrinado por los conservadores para continuar con el viejo sistema colonial de privilegios y desigualdad social. Así, el movimiento de independencia fue un fracaso para la gran mayoría de los mexicanos. La opresión y esclavitud continuó. Esta fase fue la primera batalla ideológica ganada por los conservadores que se opusieron a que el país recién independiente tuviera un sistema republicano que apoyaban los grupos de liberales. Sin embargo, el sistema monárquico duró poco tiempo porque con la reagrupación de los liberales comandados por el militar Antonio López de Santa Anna, se promulga en 1824 la primera constitución del país con principios liberales y la construcción de un sistema republicano.
En esta etapa, un grupo político para muchos cuna de las actuales ideologías partidistas fueron las conocidas e internacionales logias masónicas y cuyos pensamientos liberales empujaban a una separación entre el gobierno y la iglesia buscando el bien común y la generación del conocimiento entre todas las clases sociales. Sin embargo, el agrupamiento de las fuerzas políticas en el entorno del nuevo sistema republicano permitió la filtración a las logias masónicas de la dinastía de hombres conservadores.
Las logias se dividieron en dos grupos: los que seguían el rito escocés con un perfil de imponer un sistema monárquico, y los que estaban en la asociación masónica de los yorquinos, con un perfil republicano y liberal. A partir de entonces, la guerra entre estos grupos ya declarados liberales o conservadores ha existido y fueron entre luchas teniendo entre sus representantes a presidentes de la República, diputados, senadores y otros cargos públicos y privados. Por ejemplo, Antonio López de Santa Anna, que fue un rebelde liberal, se convirtió en el primer gran dictador del país y trabajó para la logia masónica del rito escocés o de la línea conservadora; Benito Juárez, primer indígena en América que fue presidente de la nación, fue de la logia masónica del rito yorquino de línea liberal, y Porfirio Díaz, otro dictador, que tuvo en sus orígenes ideas liberales, terminó por apoyar a la logia masónica conservadora respaldando a la aristocracias y al poder eclesiástico.
Sin duda, la primera gran victoria entre la línea liberal contra la conservadora fueron las Leyes de la Reforma, impulsadas por la logia masónica yorquina, que vinieron a ser un gran avance político para el país desde aquella simulada independencia de España de 1821. Las reformas representaron una segunda evolución para el país. Se prohibió tener bienes a la iglesia, suprimió los fueros de los militares y los sacerdotes, estableció una educación laica y la libertad de prensa y de reunión. La reforma buscaba acabar con el privilegio de las clases dominantes y darle justicia a la clase olvidada y marginada y que Benito Juárez vivió en carne propia.
Más adelante surge la Revolución Mexicana y de nuevo los pobres son guiados y utilizados como un frente humano para morir por la patria y al final ser olvidados. La llegada al poder de Francisco I. Madero después de la dictadura de Porfirio Díaz, fue una ilusión de un cambio que nunca llegó, al igual que con el presidente Vicente Fox se cambió de partido, pero no del viejo sistema de gobierno. Madero tuvo que gobernar con los mismos hombres cercanos a Porfirio Díaz, los llamados científicos y al final terminó apoyando a las clases conservadoras, lo que provocó la furia de obreros, campesinos, la clase media y grupos de insurgentes como Venustiano Carranza, Francisco Villa y Emiliano Zapata, que se volvieron a levantar en armas provocando ingobernabilidad al gobierno de Madero, que al final fue asesinado por la mafia conservadora que patrocinaron su derrocamiento para seguir con sus privilegios y su tiranía.
La lucha revolucionaria continuó por la silla presidencial, pero sobre todo en la búsqueda de quién realmente podría cumplir la justicia a la clase pobre del país. Los conservadores siempre terminaron comprando o aniquilando a cualquier presidente que estableciera políticas liberales y que fomentara un estado laico.
Los partidos liberales y conservadores se reinventan y forman nuevas organizaciones políticas. Primero nace el Partido Acción Nacional, cobijado por varias instituciones ciudadanas democráticas con un perfil
conservador y con fuertes vínculos religiosos; se reinventa el partido revolucionario en el poder con el nombre del Partido Revolucionario Institucional, que mantuvo entre buenas y malas relaciones con la iglesia, basando su fuerza en la construcción y patrocinio de mafias sindicales. Más adelante surgen varios partidos satélites inventados y patrocinados por varios ex priístas, entre éstos el hoy partido del sol azteca, el controvertido PRD, que concentró varias organizaciones con pensamiento izquierda.
Ya en la modernidad, los partidos son catalogados como de izquierda si tienen perfiles liberales, y de derecha, si presentan posturas conservadoras, al menos en la arista política, porque en línea económica la postura es exactamente al revés: la izquierda le apuesta a un estado regulador (estilo conservador) y los de la derecha promueven una economía de libre mercado (estilo liberal). Asimismo, existen mitos y mitotes sobre los partidos que hoy representan a la derecha (PAN) y a la izquierda (PRD). A los primeros se les tacha de católicos y burgueses, y a los segundos, de comunistas y ateos. Si bien sus historias de fundación tuvieron en efecto la afirmación de estos mitos, hoy la realidad es totalmente diferente. Tanto en el PAN como en el PRD existe una pluralidad entre sus miembros, que van desde ateos, religiosos moderados, religiosos ultra conservadores, pero sobre todo, tienen en sus filas a todos los niveles socioeconómicos.
Evidentemente que los ritos mediáticos, las posturas personales de los candidatos y las plataformas ideológicas de los partidos, sí marcan una tendencia dura hacia lo conservador o liberal, más aún en asuntos de polémica nacional e internacional, como el aborto o el respeto jurídico a los homosexuales. Continuando en ambos grupos, existen muchos luchadores sociales con diferentes tonalidades, unos con una visión de mercado, otros con visión socialista y otros más con una visión intermedia. Al final, la visión de ambos partidos es tener un México mejor que el PRI dejó morir en la pobreza y en la falta de competitividad.
Ahí está, pues, la historia de los grupos que han marcado el rumbo de nuestro país. En los últimos setenta años con los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional, la figura de liberal Benito Juárez ha predominado como un marco de identidad ideológica. Con la llegada al poder de Vicente Fox Quesada, el mismo presidente alejó la clásica fotografía de Juárez de Los Pinos para entrar al juego de equilibrio entre las fuerzas del Estado y la religión. Horas antes de asumir el poder semióticamente en cadena nacional, aun sin decirlo, acudió a la basílica de Guadalupe mostrando la aplicación de una línea conservadora frente al juarismo de los gobiernos priístas. Una combinación que la constitución ordena que no debe existir porque somos un Estado laico.


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